Sastipen thaj mestipen. Salud y libertad.
Mis más cercanos lo saben, mi falta de tiempo, entre otras cosas es mi actual trabajo.
Nunca he utilizado este espacio para hablar de él, no sé… sobre mis sentimientos, que los disfrazo, adorno o desnudo según me place no me siento tan tímida. Pero sobre todo lo que siento, indescriptible a veces, con la labor que desempeño cada día lo dejo guardado para esas horas y después todo es un bonito o, a veces, duro secreto.
Sus risas, sus miradas, su alegría, sus necesidades, sus denuncias, su búsqueda. Todas para mí, para crecer un poco más por dentro cada día.
Pero hoy no he podido resistirme, después de leer un correo de una compañera y amiga, para utilizar este espacio; hacer una llamada a la conciencia en pleno siglo XXI.
Leia hace unos días, en el prólogo del libro de Jonan Fernández "Ser Humano en los conflictos: reflexión ética tras una vivencia directa en el conflicto vasco", que la mayor parte de los conflictos, tanto en el ámbito público como privado, es la voluntad de dominio y poder, así como la agresividad inherente o indisociable a la especie humana. Ni las religiones, ni las filosofías, ni los catecismos, ni las leyes han podido erradicarla o al menos reducirla a un mínimo soportable. Por naturaleza o fatalidad cósmica el hombre no es bueno ni justo y no creo nos falten razones para, muchas veces, dudar que sea realmente humano. Ninguna otra especie animal del planeta mata o tortura por el simple placer de hacerlo.Más adelante seguía diciendo que el hombre (uso el genérico) había obtenido todo mediante la violencia, las guerras, los enfrentamientos. La paz venía a ser algo así como un concepto moderno, de tal modo que en su código genético estaba impresa la fuerza sobre los otros para dominarlos y conseguir sus objetivos.
Reflexionaba sobre estas palabras antes de adentrarme en la lectura del libro De Jonan Fernández. Tal vez sea así. De hecho cada día nos salpican, lástima que estemos de alguna forma acostumbrados, los ejemplos de la indignidad de algunas personas. Puede que exista una especie de ser que no es humano, ni animal, que no está loco, ni enfermo. Pero también existe otra especie de ser (sin apelar a lo esotérico) que sí es humano que, incluso dentro de su locura o enfermedad, no recurre a la violencia para conseguir sus fines. También estamos rodeados de ellos. Por eso, porque creo en el ser humano, en su capacidad para resolver conflictos sin agresiones, en la búsqueda de la paz y la justicia cuelgo este correo.
Cuando me enteré no me lo creí. Nunca pensé que eso pudiera ser verdad. Sobre todo porque esa historia yo la había oído en varias ocasiones cuando era jovencito. Me contaban algunos gitanos que en pleno franquismo, aquella Guardia Civil caminera, -la misma de la que con tanta fuerza y dramatismo hablaba Federico García Lorca- martirizaba a los pobres gitanitos que se encontraban por los caminos y campos de España obligándoles a pegarse unos a otros. Les apuntaban con sus mosquetones o les empujaban a culatazos para que se apalearan entre sí hermanos contra hermanos, cuñados contra cuñados o yernos contra sus suegros. Era el espectáculo sangrante que se reservaban para sí hombres sin alma en cuyos cuerpos no cabía ni un gramo de humanidad.
puesto" en el cuerpo de la policía eslovaca sino que, además, sean procesados y sean las autoridades judiciales las que determinen el castigo que en justicia les corresponda, que, como mínimo, debería ser la expulsión
definitiva de la policía de su país.
Sacó un papel de su agenda, escribió… Ni siquira se tomó demasiado tiempo en escribirlo, cuando las ideas están claras no es necesario apenas utilizar palabras. Encendió un cigarrillo mientras se quemaba un poco más la vida, qué importaba eso ahora… estaba tan cansada… lo doblo meticulosamente y lo introdujo en una pequeña botella de cristal.
Martes: Rutina, pero no es cierto. La rutina es una invención de los necios. Nada es igual. Cada día te presenta su nueva cara en blanco de ti depende pintarle una sonrisa o lo que quieras. A mí me da por dibujar flores en las esquinas de los folios. O algún animalejo. Y sobre todo me gusta imaginar que alguien me mira, sin que yo lo sepa, mientras piensa que soy maravillosa. Por eso últimamente me pinto las pestañas.

