Tan vulgar y corriente. La pintora.
Estaba entre todas, pero era bien distinta, mientras esperaba dibujaba en un cuadernillo con una barrita, mas tarde supe que se llamaba carboncillo. No hablaba mucho, pero siempre tenía una amplia sonrisa que contrastaba con la callada tristeza de sus ojos.
“Nos podrías dibujar a nosotras” dijo “lapitonisa”, la llamábamos así porque a todas nos leía las líneas de la mano al tiempo que nos aseguraba que un gran amor nos retiraría de la calle.
“Sí como Toulouse Lautrec” eso lo dijo “lalistilla” que se las daba de leer mucho y entender de todo, “un pintor francés que dibujaba prostitutas de las que era amigo”.
“Lamamiblue”, era la más mayor de todas, de enormes e ingrávidas tetas, a pesar de sus kilos y su edad. La curiosidad de su éxito y su nombre se debían a que siempre llevaba las bragas azules, para meternos con ella le preguntábamos el color cada día, nos las mostraba entre risas, sepultadas en la inmensidad de su culo, se ofreció a ser la primera. “Pero no me gustaría que me pintaras las bragas negras”.
“Descuida” le respondió ella, " lapintora”, cerrando el cuadernillo.
“Laamazona” soy yo, me llaman así porque presumo de ser la que mejor se los monta, tengo un rabo entre las piernas más largas que un día sin pan.
Nos quedamos solas, entonces fue cuando le pregunté por qué. Me respondió que por una deuda. Le ofrecí dinero, de verdad esa niña se hacía querer, a veces me sale lo que me queda de mi lado masculino (la testosterona que dicen, ¿no?) todas son mis pequeñas, me liaría a bolsazos, a puñetazos por cualquiera de ellas.
-“No es una deuda de esas… huele aquí”. Se levantó el cabello y me ofreció su blanca nuca donde arranca a nacer el pelo.
-“Hueles a naranja”. “Me gusta este olor, tía”
-“A eso sabían sus besos. ¿Podrías reconocer algún otro olor?”
Metí la nariz hasta el fondo, aspiré profundo, casi la esnifé.
-"Hay otro, pero no consigo distinguirlo".
Se colocó la barrita sujetándose el cabello. Me sonrió, se inclinó delante de mí, acercó su boca a mi oreja y me susurró como si me contara un cuento antes de llevarme a la cama.
Él me inició.Yo tenía medidas de bailarina, pero no estaba preparada, porque el dolor lo producen las miradas. Las de ellos.
Él me enseñó.
Yo tenía la verdad reflejada en mis ojos, no sabía fingir, pero él no quería asomarse a mi alma y aprendí, menos importante que mis bragas, a dejarla colgada en el perchero.
Él calculó.
Yo me resistí lo justo, pero supo ponerme un precio, el hambre que se siente cuando van quedando en los huesos, desnutridas, las necesidades básicas.
Él fue generoso.
Yo no hubiera sido nada, elevó mi autoestima ignorando mis lágrimas, ahora puedo apreciar todo mi valor antes de terminar ajada, restregada, entre pompas de jabón.
Hoy puedo ser la hija, la niña, la esposa, la amante, la esclava, la sacerdotisa… la diosa. Imagina…
Y mientras mi alma espera sentada a que termine el juego. Nos vamos del brazo y me cuenta todo lo que haremos cuando llegue el tiempo en podamos vivir juntas sin separarnos.
No le guardo rencor, me dijo, no puedo, no es lo que parece, hay ocasiones en que para llegar hay que dar un rodeo.
Índigos
Tan vulgar y corriente

19 Diciembre 2005 a las 5:01 pm
Fue una de las primeras cosas tuyas que leí…me gusto mucho entonces..y ahora..
Besitos.
19 Diciembre 2005 a las 7:02 pm
Fantástico…. es hermoso
20 Diciembre 2005 a las 12:28 am
Siempre que se da un rodeo se puede contemplar mejor el paisaje, el entorno… uno se acerca con más calma, sin prisas.
El arte es llegar a infinitos sitios dando muchas vueltas.
16 Febrero 2006 a las 10:29 am
Es tan abrupto que parece un documental, más que un relato. Olor a naranja …. Mmmmm, me ha recordado una carreterita estrecha, entre campos de naranjos…
1 beso