Jueves, 22 Diciembre 2005

Una misión hace tiempo cumplida.

Sigo con la mudanza de antiguos apuntes. He vuelto a mi primer blog, para despacito abrir una de las cajas, me he llevado la grata sorpresa que sigo recibiendo visitas, las vuestras… esto me haría replantarme dejarme de acarrear antiguas historias, pero me da miedo perderlas…

Esta pertenece a una cadena de relatos cortos donde lo único que te daban era una frase de salida, la mía era: "De niño lo que más amaba era". El resultado el siguiente. 

De niño lo qué más amaba… ¿sabes qué era? Supe que no iba dirigida a mí, se la hacía a sí mismo. Por tanto, intuí… esperé la respuesta.

Él era mayor que yo, lo suficiente para serlo, sin ser un adulto, lo insuficiente para sentirnos iguales. Esa justa diferencia marcaba todos, cada uno de los puntos y comas de nuestra relación.

Llegó a mí en el lote de los amigos de mis hermanos, el hermano mayor del amigo de mi hermano pequeño. Por casualidad, o no, nadie lo sabe, una tarde de verano, un poco sosa, apareció en la cancela acompañando a su hermano, que había aceptado la invitación del mío, para venir a nadar en la piscina. Él ni siquiera traía bañador, me fijé bien. Él no venía a quedarse. “Sobre que hora vuelvo”, le oí preguntar, lo había adivinado, se marchaba. Los perros salieron para acompañarle a la puerta, yo también. Antes de descorrer el cerrojito que siempre decía  “aaaaaaAAAAAAAYYYYYYyyyyyyy” vi su bicicleta, le había puesto la cadenita de seguridad ¿quién se la iba a llevar? “Que bici más chula”, por vez primera reparó en mí, en esa niña flacucha entre los perros. Sus ojos se iluminaron mientras me explicaba que era nueva, un regalo por sus buenas notas. Le invité a que me la enseñara, presté todo el interés del mundo mundial mientras me hablaba de frenos y piñones, acepté su proposición para montar  en ella, al tiempo que el lugar de destino lo decidía  yo, “al árbol”. Un retorcido y viejo olivo donde me perdía a solas para sentir el viento cálido de la tarde, hurgar en la tierra, o descubrir si el capullo de las amapolas que andaban por allí eran gallo o gallina.

Se convirtió en una cita sin hora, la señal de salida la ponían nuestros hermanos, pero ambos sabíamos que el otro acudiría. A veces no intercambiábamos una palabra, cada uno a lo suyo, otras no parábamos de inventar juegos. Él era mágico tenía todas las respuestas, la suficiente o insuficiente diferencia de edad jugaba a su favor y al mío, yo era mágica porque le hacía sentirse así a él. Me  fui convirtiendo en una inmejorable compañera, no quería renunciar a estar con él, me interesaba todo cuanto tenía para darme, todo cuanto me pedía. Apareció la complicidad, me llamaba “Pequeña”, yo a él le di numerosos nombres, derivados, aumentativos, diminutivos, de uno, del suyo propio. (Si lees esto sabrás que eres tú).

Ese verano me oí decir, por vez primera en mi vida ¿dónde vas con tanta prisa? Me incomodaba la pregunta, pero, hoy, puedo reconocer lo que me hacía sentirme molesta. Eran las tácitas preguntas encadenadas de los adultos, detrás de la prisa se escondían por qué, para qué, con quién y la verdadera ¿Qué estás haciendo mientras yo no te veo? Entonces es cuando te planteas qué no estoy haciendo que tanto les interesa y la complicidad encierra secretos. En el hueco del tronco viejo, del viejo olivo, tal vez  sigan allí algunos de los nuestros, si es que sigue en pie el olivo, no lo sé, hace años que no he vuelto ¿Y tú lo has hecho?

Transcurrió el tiempo, aprendí. Llegó el invierno, la primavera, no supe nada nuevo de él, sabía cuanto necesitaba. Le recordaba al pensar en el pasado verano, al sentir que el siguiente estaba cada vez más próximo.

Oí una voz, parecía la suya, lo era y no. Salí al jardín, estaba allí,  parecía él, era él y no. No estaba, la diferencia, entre mi recuerdo y él, en todos y en cada uno de sus rasgos físicos, estaba en mí, en lo que yo sentí al reencontrarme con él. Voy más lejos, en lo que percibí, sobre mi, cuando me vi en sus ojos. Le seguí hasta la cancela, como la primera vez, rodeada de los perros, que parecían reconocernos mejor que nosotros mismos, ahora un vacío “oKupaba” mi estómago. Pasé por delante de él, por el camino fui pisando los terrones de tierra de los sembrados, como tantas veces, buscaba algo a lo que aferrarme para no reconocer la pérdida. Al volverme para mirarlo no me encontré su sonrisa como eco de mis juegos, como tantas veces.  Caminaba derecho con las manos en la espalda. Llegamos juntos hasta el viejo olivo, era evidente, la suficiente diferencia, o insuficiente, que había marcado los puntos y las comas de nuestra relación, que jugó en su favor y el mío, ahora se burlaba de nosotros.

Entonces fue cuando se formuló la pregunta: De niño lo que más amaba ¿sabes qué era?

Sentí miedo, pero no era miedo a lo desconocido, ahora puedo ponerle palabras, era un miedo triste porque anunciaba pasado, un miedo culpable, con matices de responsabilidad, porque yo no quería llevar sobre mí la carga de haber sido alguien amado y ya no.

“Pensarás que soy tonto ¿Cómo vas a saberlo si nunca te lo he dicho?”  Intuí… un niño jamás pensaría que se le considera tonto, haga lo que haga, diga lo que diga,  es más, su enfado puede ser ilimitado ante la mínima insinuación al respecto. Ese era un sentimiento importado, aprendido, así como sus gestos; se tocaba la barbilla, sus ojos se perdían por encima de mí. Intuí… cuando un adulto va a decir algo de  sí mismo  se siente tonto, se esconde detrás de sus manos, su mirada necesita estar libre de fronteras. 

“Lo que más amaba cuando era un niño, era serlo”. Entonces sí me miró, con infinita nostalgia me recorrió despacito, desde mis sandalias polvorientas hasta la cinta azul de mi pelo, volvió a desviar la mirada y le oí susurrar: “Pequeña”.

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22 respuestas a “Una misión hace tiempo cumplida.”

  1. leo mares dice:

    qué maja… muchas gracias por tu visita navideña,guapa!
    Yo también te deseo que pases felices días.
    Mañana publicaré un cuento nuevo, espero que te ayude a alcanzar un poquito más de felicidad en estos días a veces tan tiernos, a veces tan crueles.
    Un abrazo muy fuerte, brujita sureña

  2. Vir& dice:

    Sky, pequeña Sky,

    vuelvo a mi infancia, viviendo entre paredes y monjas,
    (me dijeron ‘pequeña’ cuando ya no lo era :) .

    Me emocionan el chiquillo y tú con tu pelito moviéndose en esos tiempos…

  3. María dice:

    Un bonito relato de infancia pasada. Besos

  4. Reflejos dice:

    Me ha encantado. Me gusta la vista de la infancia desde la posicición de adulto.

    Feliz Navidad.

    Un beso.

  5. Gabi dice:

    Precioso Melytta.
    Evocador, tierno, triste y sobre todo bello.

    El paraíso estaba allí, verdad?
    En esa infancia de cancelas, perros, hermanos, rodillas polvorientas llenas de heridas.
    Me has hecho recordar mi paraiso.
    Gracias.

  6. Juan Cosaco dice:

    Algunos piensan que no se puede volver a la niñez, pero tú ya sabes que eso es mentira.
    Y además, creo que cuando se vuelve, se es más consciente de lo maravillosa que es la vida.
    Saludos

  7. Diablilla dice:

    Q bonito recuerdo de niñez, y a la vez muy triste. A mí tb me cuesta el llevar la carga de haber sido alguien amada y ya no, quizás es lo q aún me duele… q ya forma parte de mi pasado y yo aún lo quería en mi presente y futuro. Duele, y aún hoy provoca lágrimas!! Es triste perder a alguien al q se quiere verdad?
    Me encanta este post!! No sé como lo haces q siempre me haces impregnarme de tus historias hasta releerlas.
    En cuanto al otro blog, es q vas a volver al otro o te quedas en este?? q lio!! mmmm… o no me he enterado bien??? weno, por si acaso, me gusta mucho esta página y espero q no la dejes.
    Feliz Navidad y próspero año nuevo 2006. Te lo deseo de todo corazón…

    Muchos besitos de esta diablilla ;)

  8. Aitor dice:

    Me encantan ese tipo de recuerdo de la infancia, porque estan llenos de sensaciones, no son planos. Hay olores, colores, sonidos y texturas que permanecen, que no se olvidan, y hacen que esos recuerdos permanzcan absolutamente nitidos. (O acaso será la belleza de tu relato la que me vuelve a traer esos recuerdos???)

    En todo caso…un beso para ti

  9. Rosi dice:

    Precioso Mely. La amistad vista a través de los ojos de un niño. No recuerdo haber leído este relato, seguro que aún no nos conocíamos.
    Un beso que sirva de abrazo para estos días tan especiales y una cosita. Tienes un mail.
    :)

  10. Seleka dice:

    Un tierno relato de “niña grande” ;)
    Qué bien descrito el miedo de los adultos a expresar sentimientos, a sentirse tontos o vulnerables…”sus ojos se perdían por encima de mí” “su mirada necesita estar libre de fronteras”
    Me ha encantado, aunque tiene un triste final…
    Un besazo!
    Sigue con la mudanza :)

  11. El Enigma dice:

    … todos fuimos niños (ni modo de haber nacido de este tamaño y edad, ¿cierto?) y en cierto momento hemos querido volverlo a ser.

    Snif, esta muy bonito.

    Saludos y felicidades Melytta, fuiste mencionada en mi post.

    El Enigma
    Nox atra cava circumvolat umbra

  12. roberto pac dice:

    nostalgiaaaaaaa precioso
    feliz navidad
    robert

  13. Ardi dice:

    :)
    No tengo palabras.
    Se me ha puesto una sonrisa nostálgica, muy tonta, tan tonta como la conciencia del niño que dejó de serlo. Y una sonrisa admirativa. “Pequeña”. :p

  14. caboblanco dice:

    Paso por aquí de cuando en cuando porque me agrada lo que escribes…Felices Fiestas!

  15. Milva dice:

    La navidad es un aire mágico que chorrea infancia… y ningún niño se pensaría tonto, ni dejaría de creer, ningún niño de verdad se olvidaría de una historia así…
    Mely, mi amiga, mi hermana a la distancia, Mely, que tengas una navidad de niña…
    te quiero, Mely.

  16. Nahda dice:

    Qué alegría volver a reencontrarme con tus letras, ya me parecían un lugar maravilloso donde recostarme a beberlas despacio :O)… un placer estar aquí, el relato ufff una delicia, más grande que pequeña, pero ante esas letras, a quién le importa el tamaño ? :O)

    a mi regreso el lunes de mi viaje de ida y vuelta a casa volveré a linkarte desde mi página, para no perderme delicias como estas :O)

    felicidad y sonrisas en estas fiestas de nostalgia y reencuentros.

    anjara

  17. Leodegudnia dice:

    Me encantó este relato lleno de recuerdos.
    Un fuerte abrazo y feliz noche.

  18. Laura dice:

    Hola Melly hoy 25 a la tarde te deseo felíz navidad junto a tus amores, me encantó el relato, abrazotes con mucho cariño y renovadas fuerzas para el 2006.
    besote y me gusta mucho el nuevo lugar

  19. xana dice:

    Cuando juzguemos como adultos tendriamos que tener un chip para recordarnos que fuimos niños y desde i estado niño te deseo una hermosa navidad con ilusión y sueños!!!
    Es un relato entrañable!!

  20. fairywindy dice:

    Melytta… mil felicidades ahora y siempre!! Mira que fue uno de nuestros primeros encuentros motivado por la narración. Que gusto de seguir junto a ti.
    Besos y mil bendiciones.

  21. Marta dice:

    Hola!!

    Tenía este post en reserva para comentar desde hace días… Lo leí y me encantó, aunque las cadenas no suelen ser tan eficientes, sacaste un relato estupendo. La inocencia de la niñez, y el romanticismo que desprende esa época, tal vez irrecuperables de la misma forma.

    Besos!

  22. iggix dice:

    bella imagen de la infancia, la mia es maravillosa y triste a la vez, pq aun lo sigo siendo…

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