A Peggy se la comieron la polillas.
Le pusimos ese nombre entre todos, tenía el pelo rojo, de lana roja. Era evidente pelirroja, "peguigoja", "Peggy". Después llegarían Naga (Nagaganja por el pelo naranja) y la aceituna.
Ella sobrevivió al motivo por el que llegó a mi, pero no lo hizo a ninguno de los que decidimos su nombre, porque se la comieron las polillas.
Tenía un cuerpo en forma de pera, naranja fuerte y azulón, tres bolas casi en su mitad, dos hacían las veces de los ojos, la tercera, superior en tamaño, la nariz, no tenía boca, pero puedo asegurar que sonreía. Siempre.
En los tiempos díficiles, en los que las dos sobrevivimos al motivo de su presencia en mi vida, le dedicaba miradas rápidas, ¿qué culpa tenía ella de ese abandono? Así que jamás la quité de su lugar privilegiado, sentada con sus largas piernas colgando encima de mis libros.
Entonces, como la mayoría de las adolescentes, escribía un diarío, a veces ilustraba las páginas con dibujitos de ella desde la posición en la que la sorprendiera, encaramada, ella, en los libros, tumbada, yo, sobre mi cama.
Parecía que siempre hubiera estado ahí. Conmigo. Esa sonrisa fantasma, al mismo tiempo tan cómplice. (Mi dulce Peggy)
Pienso que la mejor forma de superar algo es hacerlo cotidiano, si juegas a olvidar sin aceptar esa nueva posición, esa dimensión desde la que relacionarte se corre el peligro de idealizar, eso conlleva a perder mucho tiempo.
Aprendí, me vacuné. Las lágrimas tienen la importancia de una medida y a la vida hay que aderezarla en su punto justo. Que todos los finales son tristes, saben así.
Cuando pude reparar en aquellos agujeritos ya era demasiado tarde, se le salía el mijo por ellos y estaba llena de larvas.
Celoso me dijo "qué listas han sido las polillas".
Guardé su piel, hasta que llegó el momento de decidir que cosas me acompañarían. El balancín sí, todavía lo conservo, con Peggy decidí que no , sin remordimientos me despedí de ella.
Continué viviendo siempre en dirección al sol porque el atardecer se prolonga más tiempo.
Ya lo sabes a Peggy se la comieron las polillas.

16 Febrero 2006 a las 12:17 am
A veces pasa. Yo de peque perdí una ardilla, desde entonces tengo la estúpida fijación de que, si veo una, me pregunto si tendrían parentezco.
Este blog se ve medio wiccano… tengo algo escrito acerca del cíclope, talvez te guste. (Aunque es un cíclope ebrio).
16 Febrero 2006 a las 12:24 am
Es el título de post más bonito que he leído. Me gusta la historia. Me gusta leer tus historias. Te amo.
16 Febrero 2006 a las 12:28 am
Misticus cambia de nombre
Queremos avisar que Misticus paso a ser un espacio de Culturas, se llama ahora Culturas II y es un lugar donde las culturas se encontraran.
La nueva dirección de Culturas II (ex Misticus) es esta:
http://culturasii.blog-city.com/
Los esperamos para seguir compartiendo con ustedes
Saludos de Guerreiro da Luz & Freyja
16 Febrero 2006 a las 12:59 am
Amelia.
Hermosa historia y la cuentas muy bien.
Un título lleno de ironía.
Está como para ilustrarla.
Saludos.
Marco Antonio Sepulveda
16 Febrero 2006 a las 1:52 am
Conocí hoy tu blog
Sencillo pero muy interesante.
Te visitaré
Un beso.
16 Febrero 2006 a las 4:05 am
Yo reconozco tener poco o ningún apego a los objetos, de la mayoría me deshago sin demasiada pena y las olvido al poco.
Adios peggy, misión cumplida!
kisses!
16 Febrero 2006 a las 4:06 am
Ahora que me miraba la foto con mas detenimiento hay una colección de libritos pequeños que por lo menos debe de tener 100 años!!
Me los regalaban a mí cuando era pequeña!!
16 Febrero 2006 a las 10:23 am
Me encantan tus relatos, como mezclas la realidad y la ficción…
“Continué viviendo siempre en dirección al sol porque el atardecer se prolonga más tiempo.”
Que frase más bonita
Mi cuarto da al poniente … me acordaré de ti al ver atardecer.
Besitos
16 Febrero 2006 a las 12:21 pm
Melytta, me encanta leerte, disfruto, aprendo, siento, recuerdo, a veces se me escapa una lagrimita, a veces se me dibuja una gran sonrisa de esas que suenan un poquito, a veces se sienten tus palabras tanto que me encojen…
Gracias por compartir recuerdos, tu vida.
Besos y un abrazo fuerte
16 Febrero 2006 a las 4:53 pm
Pobre Peggy, las polillas no reparan en nada y se llevan por delante todo lo que encuentran, bueno, al menos durante un tiempo fue tu compañera silenciosa.
Un abrazo
16 Febrero 2006 a las 5:15 pm
Me siento identificada con tu historia. El hacer cotidiano algo ayuda a superar. Ya lo creo. “Las lágrimas tienen la importancia de una medida”. No más.
Un beso.
16 Febrero 2006 a las 7:39 pm
A Peggy se las comieron las polillas, a Princesa se la llevó del distemper, a Pepona la raptó mi sobrina. A mi gata alojó en casa de mi ex suegros. Parece que voy quedando sola… Un abrazo (vi esa cara tan linda y decidí entrar).
16 Febrero 2006 a las 8:25 pm
No dejes tus buenos sentimientos sobre tus libros, pues, las polillas podrían aptecer su sabor. Y cuando no los tengas no podrás hecharlos de menos, Muy linda y buen blog. Un abrazo
17 Febrero 2006 a las 12:35 am
Bonito titulo, y gran texto. Yo aun guardo algunos recuerdos apolillados, otros entre bolitas de alcanfor, para que no se apolillen. Musus
17 Febrero 2006 a las 7:38 am
:) Sky, esas muñecas son muy, muy simpàticas. Lasbarbies nunca me llamron la atención…
Qué ternura… una sonrisa por las piernilargas
y abracillo.
17 Febrero 2006 a las 1:05 pm
Las polillas nunca te comen el corazón ni los recuerdos. ella siempre estará allí.
Un abrazo y me pareció hermoso y dulcemente coloquial.
MentesSueltas
17 Febrero 2006 a las 2:04 pm
“Las lágrimas tienen la importancia de una medida y a la vida hay que aderezarla en su punto justo” cuánta razón tienes, ni mucho ni poco, lo justo siempre…
Me ha parecido de lo más dulce
un beso enorme.
17 Febrero 2006 a las 2:32 pm
como siempre melita unos post bellisimos
17 Febrero 2006 a las 7:49 pm
que bonito…me ha emocionado mucho. Me encanta lo de que hay que hacer cotidiano algo que se quiere superar, y siempre mirar hacia alante, ver qué cosas te brinda el futuro..que palabras más sabias, más llenas de verdad.
un beso
;-)
17 Febrero 2006 a las 10:10 pm
Meli tus post siempre me enternecen… yo tambien vivo mirando a poniente
Un besote
18 Febrero 2006 a las 4:09 am
Amiga, la magia de Peggy sigue ahí, y llega hasta acá…
una jartá de cariño.
con amor, Mely..
18 Febrero 2006 a las 4:45 am
Muy bueno! El título es una belleza. Se me quedará por el resto de mi vida. “A Peggy se la comieron las polillas”… bárbaro. Saludos!
18 Febrero 2006 a las 8:25 am
Hola…
Ya veo a esas polillas dandose el gran festín.Genial tu forma de narrar lo cotidiano de tu vida tornandolo especial.
He realizado cambios en mi blog, incluso en mi nombre. espero tu visita y opinión. Buen Finde.
Un Abrazo
Supermamá…SOY PARTE DEL CAMBIO
18 Febrero 2006 a las 9:02 am
Siempre en dirección al sol…
Pues un beso de atardecer, que no se lo comerán las polillas.
18 Febrero 2006 a las 12:07 pm
Si algo a alguien sobrevive a su “motivo por el que vino” y no encuentra otro, lo natural es que no viva más.
Tal vez cumplió su papel y se fue.
18 Febrero 2006 a las 1:55 pm
Continué viviendo siempre en dirección al sol porque el atardecer se prolonga más tiempo.
Ya lo sabes a Peggy se la comieron las polillas.
Menudo escalofrío de final. Bárbaro.
Un saludo enorme!
18 Febrero 2006 a las 5:09 pm
Existe un remedio de abuela para que las polillas y los bichitos huyan, es muy antigua, pero eficaz: hay que poner bolsitas de espliego por las estanterías y los armarios, y cuando vayas al campo, poda limpiamente, para no perjudicarla, una sabina, que huele maravillosamente, y coloca los trocitos en las librerías para preservar los libros de los bichos que atacan y se comen el papel.
¡Qué bien escribes, Melytta!
Un abrazo tiernísimo
18 Febrero 2006 a las 6:22 pm
Hermoso Mely! Me fascina cómo transmitís tus emociones.
Te dejo un beso enooooooorme!
18 Febrero 2006 a las 9:02 pm
Cuando yo tenía catorce años o así los ratones se comieron mis poemas. Un verano, al volver de las vacaciones la casa se había llenado de ratones. Habían entrado en el cajón donde yo guardaba mis poemas, y los habían roido, solo quedaban las partes centrales de los folios.
Mi muñeco preferido se “ahogó”.Se lo llevó el mar y nunca volvió, aunque yo lo esperé día tras día.
Las polillas, los ratones y el mar no pudieron roer nuestros recuerdos.
Besos llenos de ternura, como tu relato, como mis recuerdos.
18 Febrero 2006 a las 9:03 pm
MI melittaaaaa, que cosas eres capaz de escribir, cuantas cosas dices, ayyyyy. Todo un privilegio poder leerte.
Un beso lleno de rosas.
P.D. melita vaya lio que me meti coleccionando Tankas, he recorrido mas blogs de los que seria imposible pensar, es increible a donde ha llegado todo. Pero me resulta imposible encadenarlos, hay quien contesta quien no, quien lo hace de forma voluntaria, quien no sigue las normas o el pivote, pero son todos precioso. Ya los veras.
19 Febrero 2006 a las 6:14 pm
Tal vez las polillas la rescataron de una vida de eterna sonrisa forzada.
Me has dejado con un punto de incierta melancolía de alqo que no identifico. Tal vez me estén empezando a morder las polillas.
Besos.
Pdta: “Continué viviendo siempre en dirección al sol porque el atardecer se prolonga más tiempo.” -Hermosa frase y buena política.
19 Febrero 2006 a las 6:39 pm
Me ha gustado mucho..pobre Peggy..
En casa las polillas se comieron las patas del armario de mi abuela…es que son malas ..malas..
Besitos.
19 Febrero 2006 a las 10:29 pm
La verdad es que nos empezamos a acostumbrar a tu sensibilidad. Mientras el mundo afuera ruge, cuando entramos en tu bitácora tenemos la sensación de que salimos más limpios, más como éramos, con nuestros desengaños y nuestras pérdidas, pero viviendo siempre en dirección al sol.
20 Febrero 2006 a las 1:58 am
Es increíble la forma en que los muñecos(as) nos acompañan en nuestra niñez. Relaciones tan cercanas y mágicas, hasta cierto punto siniestras. Todos tenemos dentro un ventrilocuo nostálgico pq su muñeco dejó de hablar.
20 Febrero 2006 a las 5:58 am
hola mel. mmm. me has dejado meditabundo, cabizbajo y algun otro adjetivo largo. y se que los reproches al tiempo no sirven de nada…..pero y la naftalina mujer! la naftalina!
20 Febrero 2006 a las 10:54 am
Yo tengo un osito, un osito blanco y grande, regalo de mi primera pareja, esta en mi cama, incluso a veces duerme conmigo (tengo 26 años y parece que no quiero crecer) pero me da gusto abrazarlo.
Espero que me acompañe muchos años, me doleria perderlo
20 Febrero 2006 a las 1:04 pm
Pues a mí todavía, a mi edad, me acompaña una cebra pequeña que tenía de chico. Siempre duermo con ella y me la llevo de viaje… sí, sé que Freud se pondría las botas
20 Febrero 2006 a las 11:25 pm
Melytta, si mis palabras te ayudaron, me doy por satisfecho. Es muy lindo saber que podemos ayudar, colaborar con alguien. Considero que la historia de Antonia, es de mucha gente, por eso me entusiasm´p escribir sobre ello.
Te envío la mejor onda positiva y que todo mejore pronto. Un beso.
MentesSueltas.
21 Febrero 2006 a las 11:40 pm
Yo tenía esa misma colección de libros de Editorial Bruñera que aparece en la foto, de hecho quedan unos cuantos aquí encima del ordenador. “A través de la Estepa”, “Dueño del mundo” de Julio Verne o “Guillermo Tell” de C.F. Schiller. Con ellos aprendí a leer y a leer libros, pero también aprendí a viajar entre las páginas, afortunadamente aún no se los han comido las polillas..