Cáscaras de Naranjas.
Me preguntas qué hago aquí, entre ellas, sin serlo, o no, no lo sabes, mis amigas las prostitutas.
Lo haces mientras posas para mí. Al tiempo que sales del carboncillo para ser en el papel como yo te veo, como yo te siento, como te creo. Clavas en mí tu mirada y percibo la tensión detrás de la aparente calma. Me preguntas de la única manera en la que se formula algo que no admite dobles respuestas, ni evasivas. Sin palabras. Que no disfrace, ni invente.
No me mientas.
No tengo porqué hacerlo. Es largo de explicar.
Tenemos tiempo.
Sólo sé que un día descubres que todos los juegos con los que te inician en la vida, en vivirla, su fondo es que van en serio.
Como el juego de las cáscaras de naranja.
¿Podría desearte? ¿Te deseo? La primera vez que quise ser besada lo descubrí en la punta de mis dedos mientras él jugaba distraídamente y se llevaba mis yemas a su boca. Hoy podría estar (el deseo) en esta barra de carboncillo o en el sonido que emite mientras trazo los perfiles de tu cuerpo. ¿Acaso te deseo?
La cáscara (de la naranja) tenía que salir después de pelada de una sola pieza, de tal manera que pudieras montarla y a simple vista no se notara que era sólo eso, una cáscara vacía. Limpia, sin trozos pegados, sin que te mancharas las manos, ni quedaran peguntosas para terminar con los brazos en alto, sin rozar nada, encaramada al lavabo. Si lo conseguías entonces podrías pasar al juego. La lanzabas con fuerza contra el suelo y le preguntabas: ¿Cuántos? ¿Cuántos hijos? ¿Cuántos novios? ¿Cuántos años? Lo que a mí con mis breves seis años podría interesarme eso. Después buscabas los pedazos, la división era la respuesta, el resultado. Aleatoria, dependiendo de la fuerza, las ganas o la longitud de la cáscara. A veces se rompía en dos uno muy largo, el otro muy pequeño. Imaginabas. Otras se quedaba entera. No había respuesta.
Pero no.
No era un juego.
Había que crecer, aprender a pelarlas, sin destrozarlas. Sobre todo (esto lo más importante) sin que tus huellas revelaran que habías estado por allí dejando un rastro de naranja. Precisamente lo que más me gustaba. Pringarme. Oler su zumo con mis manos. Saborearlo con mis manos. Pringarme. Mirarla con mis manos. Escucharla con mis manos. Pringarme. Y tener sueños cítricos. No hacer algo pedazos para después recogerlos y que tuvieran sentido. Implicarme.
Sentí el deseo en la yema de mis dedos. Después llegaron los besos, recordé la naranja y quise pringarme entera, tener sueños cítricos. No hacerle pedazos, ni hacerme yo, para que al recogerlos lo que surgiera tuviera un sentido. Implicarme entera.
Cada cual inventa como continuar sus finales, como dar forma a lo que se rompió.
Por eso estoy aquí. Mientras me resisto a no jugar por el juego mismo.
Podría desearte, no sé si quiero.
Recuento de costillas. Cómplices.
Y os dejo este enlace que le he pedido prestado a María. Merece la pena esperar que se cargue y visualizarlo hasta el final.
(Nota: Hoy dejo por aquí otro fragmento de Índigos que pertenece a la brújula donde invento sin perder el Norte)

28 Septiembre 2006 a las 8:18 am
Los juegos, la inocencia…cuando somos más pequeños la realidad se nos presenta como dibujada, en color, colores de una caja de Alpino (qué recuerdos)…
y los sentimientos son tan fuertes, tan intensos…se pasa de la alegría infinita al dolor más agudo…en eso aún sigo siendo pequeñita
Besos enormes Melytta…
28 Septiembre 2006 a las 4:05 pm
A veces parece que los juegos son ese medio entre nuestra imaginación y la realidad, a través de cuales aprendemos poco a poco a distinguir una cosa de la otra…
Yo ya había visto ese enlace hace mucho, me encanta como de la nada va tomando forma la mujer, de dentro hacia la parte más externa… que habilidad
28 Septiembre 2006 a las 6:39 pm
No conocía el juego de la naranja.
Supongo que para una chica era divertido.
La mujer de los trazos es magnífica. Cierto, se necesita mucha habilidad.
28 Septiembre 2006 a las 10:35 pm
Cuando alcanzabamos cierta edad propicia para pensar en el principe azul cualquier cosa se vuelve un juego. Como este de la naranja, dependiendo en los trozos que se pratiera al pelarla eran los hijos que ibas a traer o los años que te faltaban para casarte. si salia entera la monda te salia novio Se lo hacia yo a mis hijos y ahora a mis nietos…
28 Septiembre 2006 a las 10:39 pm
Un abrazo grande grande.
Yo tampoco conocía el juego de la naranja
Aparentemente enteros, sin cicatrices, pero vacíos por dentro, como una mano de pintura ocultando el óxido. Una máscara …
Besos
29 Septiembre 2006 a las 11:14 am
Tú nunca pierdes el norte
)
¿De verdad existía ese juego? Al menos se aprendía a pelar bien la naranja, ¿eh? Yo aprendí bien tarde, más por pereza que otra cosa.
Un besote, guapetona!
29 Septiembre 2006 a las 11:17 am
Buenos días Melytta, he dormido poco y estoy muy espeso, asi que volveré para leer despierto este post, de primera me parece demasiado críptico para mi cerebrito o mejor, mi memoria.
Con respecto al anterior, yo vivo una cierta libertad (cierta solo) por ser usuario de Macintosh; no lo descartes, puede también ser una buena opción. Hasta pronto
29 Septiembre 2006 a las 12:14 pm
Yo si he entendido lo que quieres decir. He tenido esa sensación a veces y pocas veces, valga la redundancia, me he dejado llevar. Mi piel de naranja no se rompía y nunca supe que significaba. Reconciliada al fin conmigo misma, juego a ser yo. Besos y no te preocupes con visitarme, ya te visito yo.
29 Septiembre 2006 a las 2:08 pm
Yo jamás consigo pelar la naranja entera, su piel se desmorona ante mi, cuando intento mantenerla firme y de un trazo conseguir su pequeño muelle agridulce.
Besitos en cierto modo así son las caricias cuando terminan
29 Septiembre 2006 a las 5:25 pm
Yo tengo esa misma fijación aún, pero con las mandarinas en navidad. Siempre en navidad.
30 Septiembre 2006 a las 11:02 am
Leo, que vaya tarde de cigarros chinos que me estas regalando, mujer! da para seguir la historia…
gracias!
30 Septiembre 2006 a las 8:55 pm
Lo que más me ha gustado es saber que eres una pringada
1 Octubre 2006 a las 12:05 am
Sigue inventando tus finales y también tus principios, así podré seguir alimentando mi necesidad de vitaminas cítricas; esas que en poca cantidad consiguen que reaccione y avance.
Saludos desde nuevo blog!!
1 Octubre 2006 a las 12:48 pm
Jugamos con la cáscara, sin pensar en la naranja, que ya no lo es más… simulamos juegos de adivinación, para ocultar la realidad. La naranja sufre, su piel sigue porosa y su cáscara se secará, irremediablemente.
Ponemos nuestros futuros cortos, en manos de juegos, que ya sabemos, tienen una trampa y un perdedor.
Excelente tema… un abrazote.
MentesSueltas
1 Octubre 2006 a las 11:50 pm
Buenísimo el enlace que nos has dejado. Muchos saludos y muchos besos, Meli.
3 Octubre 2006 a las 8:45 pm
Por un lado, me gustaría verte un día al salir de la ducha. (Por si alguien piensa en concupiscencia y tal, que sepa que esto viene de una disquisición sobre las virtudes psicológicas de la ducha y/o del baño, y otras lindezas).
Por otro, me gustaría verte pringada de zuma de naranja.
Vaya, quizá simplemente me gustaría verte :-p
4 Octubre 2006 a las 8:12 am
“Podría desearte… no sé si quiero…”. Buf. Caray.
4 Octubre 2006 a las 9:50 am
Sabes?, he tenido que imprimirlo en papel porque no era capaz de fijarlo en mi cabeza. Y te aseguro que después, lo he releido media docena de veces. Algunos párrafos más. He intentado buscar el sentido y he encontrado muchos. Como dices, “Cada cual inventa como continuar sus finales…”
4 Octubre 2006 a las 5:58 pm
Hola amiga,
Un saludo cordial desde Puerto Rico.
Hace tiempito que no te visitaba, muchos tropiezos sigo tratando de arreglar asuntos personales de gran envergadura. pero como decimos acá: “Pa’lante”.
Que interesante es este escrito,
5 Octubre 2006 a las 12:32 am
Las cascaras de una naranja así pelada me recuerdan a la piel de una serpiente después de la muda. Es como una apariencia perfecta, exacta. El contorno perfecto de algo que finalmente está vacío.
La figura construida en animación al carboncillo me parece otra de esas maravillas geniales que se pueden descubrir por internet. No la conocía.
Un abrazo, hoy cercano. Hoy casualmente desde Motril.
besos
6 Octubre 2006 a las 10:54 pm
Jugar con naranjas y remniscencias…blum blum
el deseo
los deseos
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desde el esqueleto, como cuando uno se convierte en hueso, (luego será polvo) hasta la piel y la ropa, el rostro
con esos lentes ocuros, perfectos
gracias Sky, qué manera de hacer meditar…