La fianza.
Reconozco (yo, me, conmigo) no ser muy amiga de fronteras, ni tampoco llevarme demasiado bien con los límites, sobre todo porque a estos últimos recurro cuando tengo agonizante la paciencia. Sin embargo, le doy un valor infinito al territorio, a ese trozo de lo que se quiera que esté hecho, piel, arena, sábanas… con su correspondiente espacio aéreo (¡ah! los pensamientos) y marítimo (¡ah! las lágrimas).
Evidentemente, con la aceptación del territorio no se puede prescindir de las fronteras; de lo que también se quiera que estén hechas, de silencios, muros, piedras, miradas con llave en las pupilas, palabras/candado, respeto ante esa línea imaginaria que podría ser delimitada con un dedo.
Invasiones.
Lo más terrible se encuentra en sus confines, sus probables colisiones con los otros (confines de otros). El momento en el que un territorio amigo comienza a ser inhóspito y es entonces cuando se vuelve ardua la labor de hacer en ese espacio más habitable la vida.
La cárcel.
La tarea de construir al otro con los pedazos con los que fuimos destruidos o tal vez como nos destruyeron.
La fragilidad.
Es difícil, lo es, ser educador de un ser que está desde el momento en que nace en tus manos, más si a él o ella te une ese sentimiento visceral que sale directo del corazón sin pasar por la mente, sin cuestiones. Le quieres porque es, no hay más. No es comparable, casi podría sentir vergüenza si así lo pretendiera, con cualquier otra forma de amor, no es equiparable.
La inseguridad.
Pero esta forma de dominio se puede dar en múltiples relaciones cuando no se desarrolla entre iguales. Las fronteras y sus lindes se confunden y transforman en un invisible pulso por la conquista total del territorio.
El miedo.
Os dejo unos fragmentos, aleccionadores, de la carta de Frank Kafka a su padre:
"Como padre eras demasiado fuerte para mí, sobre todo teniendo en cuenta que mis hermanos murieron pronto, que mis hermanas nacieron mucho más tarde y que, por consiguiente, tuve que sostener yo solo un primer choque para el que era excesivamente débil".
"Me sentía aplastado por la simple presencia de tu cuerpo. Yo delgado, ruin, estrecho; tú fuerte, alto, ancho. Ya en la caseta (de baño) me encontraba lamentable, y no sólo frente a ti sino frente al mundo entero, pues eras tú para mí la medida de todas las cosas".
" A medida que me iba haciendo mayor, iba aumentando el material que podías oponerme como prueba de mi escasa valía".
"A decir verdad, tenías tantas veces razón contra mí que era sorprendente".
"Cuando emprendía algo que te desagradaba y tú me amenazabas con un fracaso, mi respeto a tu opinión era tan grande que el fracaso era ineluctable".
"Me torné vacilante, indeciso"
"Perdí toda confianza en mis propios actos".
La libertad para ser uno mismo. ¿Su precio?

2 Noviembre 2006 a las 11:38 am
Sesudas reflexiones. Meditaré al respecto… soy un poco lento para semejante aluvión de metáforas. Pobre Kafka.
2 Noviembre 2006 a las 7:10 pm
Son dificiles de caminar los territorios fronterizos y, a veces sin querer, los invadimos con nefastas consecuencias. Me hiciste pensar, meditar bien cada paso, ¿es suficiente?, ¿se puede avanzar meditando cada paso?
2 Noviembre 2006 a las 9:05 pm
La Libertad debería ser la mayor y única frontera, pero es tan complicada de mantener; es como esa cuerdita fina, delgada que ni siquiera se ve, pero sientes que te une a los demás.
Si nos olvidamos de ella, seguro que se rompe, si la buscamos con el microscopio, es casi imposible de ver…
El precio de dar libertad? pues tal vez que no sea recíproco.
2 Noviembre 2006 a las 10:03 pm
Me pasa como a &hor… Mely, voy demasiado rápido últimamente para comentar lo que debo releer. Me estoy volviendo lector superficial, amiga. Pero prometo volver.
Un beso
3 Noviembre 2006 a las 9:35 am
Entiendo que todo se cruza, y que los códigos internos se complejizan
es ya, bastante significativo, cuestionarse las fronteras, la naturaleza del territorio y considerar a la fragilidad en sus aristas
tu inquietud por no caer en el abuso de las relaciones donde el poder existe, está dicha
el hecho de ser padre, por ejemplo, pone sobre el tapete, la cuestión del dominio y la abertura. Pienso en la disciplina, y en cómo fomentarla en el hijo, sin constreñirlo, sin convertir las fronteras en líneas decorativas en el imaginario y en la realidad concreta, con sus escenas cotidianas, sus cortes, su metaespacio…
están expuestas las variantes y lo más importante: la idea guía: no el “respeto” en su sentido vacuo u ortodoxamente
moralista
es más que eso
el respeto como convicción expresada, potenciada, sin las caras de jano retorcidas.
.
.
.
.
.
.
.
Buscaré un dato (aunque me olvido, trataré de buscar la fuente)
el padre de Kafka era un tipo diferente al que pinta K en sus cartas, por lo que dicen, fueron cartas imaginarias. Tal vez observó a un padre como al que se dirigía en las cartas, en un entorno cercano. Saber eso, me desconcertó inicialmente, mas luego lo encontré fuera de lo descabellado. En todo caso, el padre de k se llenó de un aureola terrible para los lectores de K
¿significaría ello que K tuvo una vida sin desasosiegos de hogar?
su sensibilidad le hizo escribir cartas tan dolorosas y esa escritura queda sempiterna…
ah, qué ficciones y realidades entremezcladas, querida Sky , ¿cierto?
grandes salutes y abraxo.
3 Noviembre 2006 a las 10:39 am
Me ha parecido francamente interesante.. tu post y también el comentario de Rain.. Me encanta haber descubierto tu blog Melytta;)
Que tengas un buen finde, un abrazo
3 Noviembre 2006 a las 3:06 pm
Las fronteras que ponemos a nivel macro,¿no serán el reflejo de las que ponemos a nivel micro, las personales…?
Meli, muchos besitos, nos vemos.
5 Noviembre 2006 a las 8:05 pm
Melyta, siempre cuando llego a tu blog, es buena hora para la meditación.
NO conocía las palabras de kafka sobre su padre.
Supondo que el precio de la libertad, es demasiado alto
siempre tendemos a posponer nuestra libertad a la de otros.
Besitos Melyta.
6 Noviembre 2006 a las 12:33 am
No creo en fronteras ni creo en banderas
bss
7 Noviembre 2006 a las 1:22 am
De todo lo que te podría comentar, esto: ya sé que lo normal es ponerse en la piel de Kafka, pero siendo yo padre, no te creas que es fácil. A menudo tengo que reñir a mi hija, y más de una vez riñéndola la hago llorar, y no es tan sencillo como se pueda pensar, no es fácil ser cariñoso todo el tiempo ni ser comprensivo todo el tiempo, y a menudo me preocupa haber sido duro, haberle hecho daño riñéndola de un modo u otro, pero a veces no hay más remedio. En fin, un beso, Mely,
Santiago
7 Noviembre 2006 a las 4:21 am
La esencia de la frontera es que, aunque separa, es el fruto de la unión de dos territorios: nosotros decidimos si contiene o deja pasar, quién es extranjero y quién no.
7 Noviembre 2006 a las 2:22 pm
Me gusta tu blog, he llegado aquí por Darilea…
bsss
8 Noviembre 2006 a las 8:34 pm
Me ha gustado tu post
Un beso
9 Noviembre 2006 a las 12:11 pm
Libertad como la que propugna bush, levantando ese muro de la verguenza.
¿Estamos en el siglo XXI?
9 Noviembre 2006 a las 8:06 pm
A menudo uno empieza a tener consciencia de su propio “yo” al alejarse de la influencia de la familia.
Y entonces te encuentras a menudo con un desconocido, sin las muletas de tus padres, pero al mismo tiempo con una sensación de libertad que te emborracha y al mismo tiempo te aterra. Conocerse da miedo, la libertad a veces, también.
Un abrazo.
9 Noviembre 2006 a las 9:00 pm
de verdad que siento no poder visitar igual que siempre a mis amistades blogueras (sigo sin Internet en mi nueva cueva).
Lo siento mucho.
No os olvida,LEO
Un abrazo fuerte con aires de azahar
10 Noviembre 2006 a las 2:27 pm
Gracias por visitar mi blog, me instalaré por aquí…
bsss
10 Noviembre 2006 a las 10:05 pm
Ponemos la frontera donde se separa el yo del él. O el nosotros del ellos. El límite de la jurisdicción. El perímetro del clan.
Y lo veo como que la clave de todas esas masacres, de genocidios, de miedos, en el fondo no están en un problema de maldad. Sino de donde se ha puesto la frontera.
Es que me has dejado un tema para autofilosofar.
Besos