La división :
Aprendí a leer, escribir, sumar, restar, multiplicar, los ríos de España, las provincias (que entonces no eran Comunidades Autónomas, con su reparto me perdí ser castellana, carácter con el que me identifico) y, entre otras muchas cosas, a dividir en un colegio extraño, porque seguía el método del de un pueblo estando ubicado en el centro de una gran ciudad como es Madrid.
Me explico. Consistía en un aula enorme separada por la gran mesa de madera de la profesora, la señorita Amelia P., a su espalda estaban los chicos, en su frente, nosotras, las chicas. Desde parvulitos hasta 8º de E.G.B., todos mezclados como en un hogar, pero a su vez distribuidos por zonas también diferenciadas por el tamaño de los pupitres. Nos "tomaba" la lección a diario en su mesa, impartía, explicaba en la pizarra e individualmente, por eso era posible seguir el tema que se estuviera dando en ese momento desde tu rincón particular fuese del nivel que fuera. Así, mi curiosidad sin límites iba por delante de mí; aprendí muchas, muchas cosas antes de que me correspondieran por mi curso.
Entre las que me motivaban a salir de mis palotes en una pizarra con pizarrín y escupitajos para borrar lo que no salía bien, sin que nadie me viera, estuvieron los números romanos, la hora del reloj, la lectura de los mayores mucho más interesante que "mi madre amasa la masa" o "mi mamá me mima" y sobre todas, la división.
Aquella operación que tenía forma de tobogán y se terminaba cerrándola con una gran sonrisa o un sombrerito bombín invertido.
Avancé rápido, conocí su técnica, sobre todo no olvidé que era muy práctica para resolver problemas porque dividir equivalía a intentar repartir con equidad un todo, un total entre muchos, entre más de uno por lo menos. Ni se restaba para quitar, ni se sumaba para dar, se aplicaba la justicia.
Ha pasado el tiempo, hoy vivo una vida dividida, mis hijos también, pero tal vez he sabido enseñarles el sentido de la división porque ni ellos, ni yo nos destrozamos en las quejas. Ellos, a su vez, me lo recuerdan a mí con su ejemplo. Sabemos que no es posible tenerlo todo, que hay que dividir, de quince en quince, las vacaciones, las horas, los días de la semana. Y que, en todo caso, aún teniéndolo no es posible siempre acapararlo porque las personas y nuestro tiempo, como todo aquello que sea realtivo e inherente al ser humano o entre en contacto con él y sus sentimientos, es limitado y finito.
Lo verdaderamente importante es valorar esa porción, ese pedazo que ha tocado en el reparto, ese momento concreto, esa persona que está aquí en el hoy, en el ahora y no otra. Ese lugar, ese escenario, ese viento que trae y después se llevará nubes y lluvia.
No es fácil, tampoco para mí que se me dieron tal mal las matemáticas…

4 Junio 2007 a las 6:19 pm
La división es sin lugar a dudas la operación más dificil de traspasar del papel al mundo real.
Porque hay cosas que no se pueden dividir, y lo único que se dejan es romper.
En otro orden de cosas, y aunque se siga practicando, la división a mano, con su magia algorítmica y su inefable “prueba del nueve”, es algo que debe haber desaparecido para siempre aplastado por la tecnología y sus calculadoras.
Justo como enceder el fuego frotando dos maderas.
Un abrazo.
4 Junio 2007 a las 10:08 pm
Muy hermosa di-visión; cómo se aumenta cuando se reparte, cómo se crece cuando se acepta.
Salud y enhorabuena.
pd: la pena es que “el enemigo” también conoce el “divide y vencerás”; y lo viene aplicando desde los tiempos de los reyes…
5 Junio 2007 a las 1:54 am
A mí también se me dan fatal las matemáticas, y dividir bien me parece dificilísimo. Dividir y disfrutar. Pensaré en ello.
Beso, Melytta.
5 Junio 2007 a las 9:56 am
Gracias por traerme a la memoria detalles sobre los que ya no reparaba. En el jardín de infancia, los niños nos sentábamos en el bloque de la izquierda; las niñas, en el de la derecha. En los cursos más avanzados pasábamos a otra aula, en la que, como tú dices, la mesa de la maestra ocupaba el centro. Su sacapuntas de manivela era signo de poder en tiempos de paz; su puntero de madera, lo era en tiempos de guerra.
Nunca se me dió bien la división. Especialmente, cuando el divisor tenía más de dos cifras, o cuando tenía decimales. Y en casa, durante algunos años, podía haber sido otro, pero fue ese el motivo del abismo generacional. Hoy día, odio el cálculo. Soy refractario a él.
P.S.: Aunque no es la primera vez que te he visitado, sí es la primera vez que te comento. Espero que no te importe
5 Junio 2007 a las 1:04 pm
Jamás hubiera explicado la división de esa forma tan bonita, tan real y tan cercana para nosotras. Se de una compañera que le hará bien leerte. Si no te importa lo imprimo y se lo paso.
Un besote
5 Junio 2007 a las 1:12 pm
Hermosa, hace tiempo que ingresaba a tu espacio y no podía… me alegro de lograrlo. Sólo dejo un abrazo, leeré con tiempo tu planteo (muy interesante) Mientras tanto dejo un abrazote.
MentesSueltas, Buenos Aires.
5 Junio 2007 a las 1:37 pm
Yo tambien llevo mi espiritu castellano dentro y aunque a veces me rebelo contra él, es mi propia salvación la que domina. Bonita metafora la que aplicas a las matematicas. Yo, al igual que mi madre a mi, enseño a mis hijos a dividir y compartir. Cuando se habla de hijos, la cosa se complica y por muy ecuaneme que se intente ser, cada uno es como es y no hay que dar mas vueltas. Se feliz, lo mereces. Un beso desde Marbella (a un mes para irme a Granadaaaaa, Bien!!!!)
5 Junio 2007 a las 7:06 pm
Me ha encantado tu manera de ver la división, así como el recuerdo de esos “colegios” que hoy ya no existen, por desgracia. Yo fui a uno de ellos, el “Colegio Cultural”, lo más surrealista que me ha pasado en mi vida.
un beso, desde Almería.
5 Junio 2007 a las 10:46 pm
Ya no se aprende a dividir, porque no se enseña. No puede enseñarse a dividir si los nenes se niegan a aprenderse la tabla de multiplicar. Claro, no se les va a obligar, hasta ahí podríamos llegar. Pero no importa. Hay calculadoras.
Un beso
26 Junio 2007 a las 11:49 am
Meli, me encanta este post de la división,soy muy nostálgica, y oir hablar de los palotes o de “tomasa amasa la masa”, me pone muy sensible. Como siempre, lo que escribes, me emociona, tienes una forma tan bonita de decir las cosas…
Por otra parte esa idea de dividirnos, qué cierta. Cuanto más avanza la vida más nos dividimos, al menos yo. Pero es un arte eso de dividirse, si se aprende bien, hasta satisfactorio.
La mayor verdad de lo que has escrito: vivir el momento presente con el divisor que nos toque, intensamente.
Gracias, y besos.
1 Agosto 2007 a las 4:05 am
Cómo sufrí con las matemáticas por un profesor terrible, de veras terrible. Con su mirada lasciva bastante simulada cuando las monjas se acercaban… Lo he contado.
Otra dimensión adquirieron para mí con el tiempo, su dimensión, digo. Y ahora tu post agita esaa reminiscencias.
Y las eneseñanzas, lo bueno, lo noble… tood eso que hace falta, que no tenga demasiado dulce.
Salute.
13 Septiembre 2007 a las 4:25 am
bueno como yo no era buena en la division ni en matematicas aprendi gracias
28 Febrero 2008 a las 1:06 am
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LA MATEMATICAAA
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