desde una buhardilla.
Supongo que confesar que vuelas por encima de los tejados es cosa de brujas, del mismo modo que hablar de ellas te lleva a imaginar el esteriotipo de esos seres de sombreros picudos, narices ganchudas, alguna que otra verruga peluda en una barbilla afilada… y… ¡un gato!
Nada más alejado de la realidad.
Ella era…
Cuando el cielo se había apagado […]



