Por el ojo de una aguja
No sé dónde leí hace tiempo que "al final la realidad siempre te salta a la cara. Por más que no encaje en tus prejuicios o en lo políticamente correcto".
"De lo que no se puede hablar es mejor callarse", parece ser el lema, así que a medida que avanzo en el tiempo se me impone acumular silencios. De niña tenía la inocente creencia que los años te otorgaban la posibilidad de dar rienda suelta, verbalizar, vocalizar, expresar tus pensamientos (entiéndase ideas) y así poder canalizarlas en un medio oral o escrito con respeto.
Crecí al lado (que no a favor) de la censura, dentro de una libertad comprimida y reprimida. Ávida buscadora de resquicios y ranuras por donde conseguir escapar. En tiempos así se agudiza el ingenio no sólo para opinar, también para obtener un espacio cada vez más amplio, ganar terreno a toda imposición que chirría de puro oxido mental en sus engranajes.
En los tiempos que corren parece que se puede ser lo que uno quiera, un mundo sin fronteras. Hasta que hemos dado con el fino tamiz "de lo políticamente correcto". Porque está claro que todos tenemos prejuicios, reconocerlos es parte de la objetividad de tenerlos, la subjetividad de un prejuicio es lo que se orienta hacia ese pensamiento único y todo cuanto se aparte de él a la cómoda/cortante postura de impedir contrastar criterios llegando al juicio o al insulto según sea la intencionalidad (xenófobo, homófobo, facha, rojo, religioso, ateo, machista, feminista, misógino).
Gran buscadora de la verdad, a la que prefiero por muy cruel que sea antes que a la más maravillosa de las mentiras, me pregunto si la realidad, castradora por cierto, única una vez que nos acercamos a ella desde nuestra subjetividad la revestimos de nosotros, de nuestras vivencias, lo percibido, lo sentido, lo aprendido… de modo que nos encontramos ante múltiples realidades, es decir, opinar sobre lo políticamente correcto sólo es loable si te aseguras cual gurú de rodearte de tus acólitos.
En situaciones como esa me niego a volverme niña, me convierto en una abogada del diablo, me resisto a mantener una postura ecléctica con un constante deseo de agradar sin comprometerse demasiado ni siquiera con uno mismo. Es una postura que puede parecer ¿inteligente? en un momento puntual para salir sin ser vencedor, sin ser vencido así de impersonal.
Porque en mi pervive ese miedo antiguo a la censura, al encarcelamiento físico o emocional por no poder expresar lo que percibo, lo que siento, mi verdad… así que como cuando era niña me sigo escapando por las rendijas abiertas, por las ranuras, por esa ventana mal cerrada, por el ojo de una aguja…

22 Febrero 2008 a las 3:06 pm
Como siempre conecto con tus palabras en cuanto las leo. Siempre he procurado ser correcta, en lo politico, en lo humano, en lo economico e incluso en lo familiar. Cuanto mas mayor me hago menos corrección me queda. Ya que es verdad que todos alguna vez sentimos prejuicios sobre algo o alguien es parte del ser humano sentir asi. Lo que no soporto son las personas que repiten como papagayos los discursos de otros sin entrar a razonar la verdad que contienen. Los que echan la culpa a los demas de todo lo que les pasa sin preguntarse que papel juegan ellos mismos en sus problemas etc etc.Los que llaman anormal a cualquiera que no siga un patrón. Ufff has tocado una fibra sensible. Besos Guapetona
22 Febrero 2008 a las 6:46 pm
Veo y no veo la relación entre la censura, la modestia en las opiniones, el eclecticismo acomodaticio que expones.
Y habiendo también convivido con la censura me produce escalofríos.
Lo que me confunde es la facilidad con la que algunos pueden argumentar y convencerme de algo para después otros hacer exactamente lo mismo de lo contrario. Sin que trate de salir vencedor. Tal vez sea falta de convencimiento. O no tenerlo claro. O sean las consecuencias que traiga dudar de las cosas. Creo que ni soy capaz de expresarlo.
Y por otra parte, casualmente le estaba dando vueltas a una idea al respecto de lo que dices, sobre la visión de la piel y de la pulpa. Tal vez algún día sea capaz de concretarla.
Te dejo un abrazo.
23 Febrero 2008 a las 2:20 am
La edad me tiene harta. Antes, la radicalidad de las ideas, aunque Falaz y un poco estúpida, por lo simplista, facilitaba la vida, pero ahora, ser capaz de ver muchos más aspectos de las cosas, muchas más perspectivas, poder pensar que casi nadie está completamente equivocado, o acertado, complica muchísimo más las cosas…
Pero yo me callo fatal, aunque opine tonterías. Me importa cada vez menos, que alguién me considere correcta o incorrecta. Eso es lo que menos harta me tiene de la edad.
Beso, tocaya.
23 Febrero 2008 a las 9:46 pm
Hola, Melytta:
Ante todo, decirte que no nos conocemos; que acabo de saber de tu blog y de lo que en él dejas entrever sobre ti, hace sólo unas horas. Ha sido casualmente; me disponía a visitar “blogs literarios” (así coloqué mi petición en la barra de Google)y apareció La Mirada Del Cíclope. Llevo dos horas atrapada entre tus renglones.
Con respecto a esta reflexión que nos haces llegar, entiendo que comparto contigo misma idea: no me gusta pasar por la vida de puntillas, sorteando charcos, obstáculos. No consigo, ni lo pretendo, guardar, omitir mis opiniones, algo tan lícito como es expresarte respetuosamente y con tu propio criterio, por miedo a la confrontación. Es, en parte, una mala forma de acostubrar a los que nos rodean y un modo de infidelidad con nosotros mismos. Así pues, dejemos las cosas claras, aún siendo políticamente incorrectas.
Estoy entantada de saludarte. Si te apetece, en Para Leernos, encontrarás algo más sobre mí. Somos un grupo de amigos, que compartimos hace unos años un taller literario. En nuetro blog nos sentimos unidos por una de nuestras pasiones: la palabra escrita.
Un saludo y hasta otra.
24 Febrero 2008 a las 11:59 pm
Hola de nuevo,Melytta:
Acabo de descubrir tu comentario en mi relato. ¿Sabes?, la sensación que tuve al encontrarte, al leerte, fue exactamente la misma que tú me describías; es decir: estaba leyendo lo que estaba sintiendo, y estaba sintiendo lo que tú habías sentido al encontrarme.
Como ya a estas alturas de la vida hemos tenido tiempo de averiguar que la felicidad es sólo una suma de momentos, te digo que también yo me siento feliz con este tipo de casualidades (aunque para mí las casualidades son algo más que eso). Es bonito, ¿verdad?
Compartimos al menos dos coincidencias más: una es que yo también tengo tres hijos, de diez años el mayor y mellizos(niño y niña) con siete. Y dos: que uno de ellos se llama Pablo. ¡Ah! y se me olvidaba otra; que yo también te envío un abrazo fuerte desde el sur, desde Sevilla.
Me encantará volver a encontrarte por nuestro blog.
28 Febrero 2008 a las 11:13 pm
Te entiendo perfectamente y he de reconocer que durante una parte importante del tiempo de mi vida, era lo mas politicamente correcto que podia. Algunas circunstacias me enseñaron que al final casi era peor ser así. Algunos pensaban que podian, de alguna manera, utilizar mi postura “politicamente correcta”. Decidí cambiar, me costó mucho esfuerzo, supuso enfrentarse a lo “establecido politicamente correcto”, pero yo gane libertad y aprecio por mi mismo.
Pero me costo muchos años y tú , día a día, tengo esa sensación, recorreras un camino parecido.
Un beso.
3 Marzo 2008 a las 10:57 pm
¡Que difícil es ser políticamente correcto y decir la verdad!
Para mí es imposible.
Debemos ser correctos con quien respeta a los respetuosos, e incorrectos e intransigentes con los demás. Vamos… muy difícil.
6 Marzo 2008 a las 3:34 pm
Meli, me gustaria que pudieses hacer un Meme para el que te he nominado. Es para un estudio que esta haciendo mi amiga Lula que entiende de esto muchisimo. Si no puedes, no importa. Besos
11 Marzo 2008 a las 7:34 pm
Y dijo Antonio Machado:
¿Tu verdad?
No, la verdad.
Y ven conmigo a buscarla,
la tuya guardatela.
Besos, muchos besos, es una alegría saber que está aquí, con tus palabras.
17 Marzo 2008 a las 2:25 pm
Tal vez lo difícil es encontrar ese lugar donde poder expresarte sin miedos y con la tranquilidad de que no vas a ser rechazado.
La razón o verdad absoluta no creo que exista.
Creo que con los años se pierde bastante el miedo a lo que piensen los demás, pero siempre hay barreras.
15 Mayo 2008 a las 1:12 pm
Nuestra mente se programó en la niñez y cuesta mucho reprogramarla.
Saludos.